Dicen
que una imagen vale más que mil palabras, por eso cuando vivimos un
momento memorable tratamos de inmortalizarlo en una fotografía para
mantener vivo ese recuerdo. Pero hay instantáneas que van mucho más
allá y pasan a formar parte de la cultura general de la sociedad,
simbolizando mucho más que un simple momento efímero.
Es
el caso de fotografías como el famoso beso de Times Square o El beso
del Hotel de Ville, instantáneas protagonizadas supuestamente por
actores con el objetivo de hacerlas legendarias y reconocibles por el
gran público. Además de conseguir entrar en la historia, también
sacaron grandes cantidades económicas, llegándose a pagar 200.000
dólares en una subasta por El beso del Hotel de Ville.
¿Pero
qué tiene que tener una fotografía, ya sea espontánea o no, para
pasar a formar parte de nuestra vida y convertirse en mito? Lo más
importante es ser capaz de despertar algún sentimiento en el
público. En este caso ese sentimiento es el amor, y esto no es
casualidad ya que es algo que todo el público desea alcanzar de
forma idílica y perfecta en algún momento de su vida. El beso del
Hotel de Ville representa una historia soñada, un amor que todos
asimilamos al amor verdadero, un amor tan intenso en las calles de
París que hace que todo lo demás se pare durante un segundo. En
resumen, el primer factor es el ideal soñado.
El
otro factor a tener en cuenta es la esperanza, también relacionada
con el amor que es el eje principal de la fotografía. La instantánea
simboliza la esperanza y exaltación de los sentimientos sean cuales
sean las condiciones, en este caso, la época de Posguerra. Darle a
los sentimientos la importancia que merece es lo principal de la vida
y de la fotografía, mientras que el entorno pasa a un segundo plano,
simbolizando también que hay que dejarse llevar por tu corazón sin
importar lo que piensen los demás.
La
fotografía acaba demostrando que siempre hay esperanza y que se
puede hallar la felicidad plena en el momento más inesperado y breve
posible, ya que ésta también se encuentra en las pequeñas cosas
del día a día. Esa esperanza de recuperarse poco a poco de los
traumas pasados y de que todos los problemas se arreglarán remueve
algo en el interior de la conciencia popular, porque todos tenemos la
ambición de mejorar cada día, de conseguir más, de superarnos a
nosotros mismos, de ser, en definitiva, más felices. Todos estos
objetivos diarios no serían posibles sin esperanza, que es lo que
nos empuja a seguir adelante incluso en los malos momentos, porque
como cuenta el dicho “la esperanza es lo último que se pierde”,
y este sentimiento común está muy presente en todas las fotografías
míticas, de ahí su rotundo éxito.
Por
lo tanto, realmente no afecta mucho si la foto está preparada
previamente o si es improvisada y espontánea, sino que lo
verdaderamente importante es el sentimiento que hay detrás. Lo
esencial para dejar de ser una fotografía cualquiera y convertirse
en un mito es conectar con el espectador de una manera íntima en la
que se entienda inmediatamente lo que se quiere transmitir.

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