martes, 1 de noviembre de 2016

Fotografías que hacen historia

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, por eso cuando vivimos un momento memorable tratamos de inmortalizarlo en una fotografía para mantener vivo ese recuerdo. Pero hay instantáneas que van mucho más allá y pasan a formar parte de la cultura general de la sociedad, simbolizando mucho más que un simple momento efímero.

Es el caso de fotografías como el famoso beso de Times Square o El beso del Hotel de Ville, instantáneas protagonizadas supuestamente por actores con el objetivo de hacerlas legendarias y reconocibles por el gran público. Además de conseguir entrar en la historia, también sacaron grandes cantidades económicas, llegándose a pagar 200.000 dólares en una subasta por El beso del Hotel de Ville.
¿Pero qué tiene que tener una fotografía, ya sea espontánea o no, para pasar a formar parte de nuestra vida y convertirse en mito? Lo más importante es ser capaz de despertar algún sentimiento en el público. En este caso ese sentimiento es el amor, y esto no es casualidad ya que es algo que todo el público desea alcanzar de forma idílica y perfecta en algún momento de su vida. El beso del Hotel de Ville representa una historia soñada, un amor que todos asimilamos al amor verdadero, un amor tan intenso en las calles de París que hace que todo lo demás se pare durante un segundo. En resumen, el primer factor es el ideal soñado.

El otro factor a tener en cuenta es la esperanza, también relacionada con el amor que es el eje principal de la fotografía. La instantánea simboliza la esperanza y exaltación de los sentimientos sean cuales sean las condiciones, en este caso, la época de Posguerra. Darle a los sentimientos la importancia que merece es lo principal de la vida y de la fotografía, mientras que el entorno pasa a un segundo plano, simbolizando también que hay que dejarse llevar por tu corazón sin importar lo que piensen los demás.

La fotografía acaba demostrando que siempre hay esperanza y que se puede hallar la felicidad plena en el momento más inesperado y breve posible, ya que ésta también se encuentra en las pequeñas cosas del día a día. Esa esperanza de recuperarse poco a poco de los traumas pasados y de que todos los problemas se arreglarán remueve algo en el interior de la conciencia popular, porque todos tenemos la ambición de mejorar cada día, de conseguir más, de superarnos a nosotros mismos, de ser, en definitiva, más felices. Todos estos objetivos diarios no serían posibles sin esperanza, que es lo que nos empuja a seguir adelante incluso en los malos momentos, porque como cuenta el dicho “la esperanza es lo último que se pierde”, y este sentimiento común está muy presente en todas las fotografías míticas, de ahí su rotundo éxito.

Por lo tanto, realmente no afecta mucho si la foto está preparada previamente o si es improvisada y espontánea, sino que lo verdaderamente importante es el sentimiento que hay detrás. Lo esencial para dejar de ser una fotografía cualquiera y convertirse en un mito es conectar con el espectador de una manera íntima en la que se entienda inmediatamente lo que se quiere transmitir.

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