Un museo vale lo que
valga su exposición y sus objetos más preciados, pero no son lo
único importante. La disposición del museo también es vital para
poder recorrerlo cómodamente sin que se haga pesada la visita. Uno
de los elementos que ayudan a esa agilidad es la tecnología,
presente hoy en día en todos los museos de todo el mundo, sea cual
sea su temática.
Gracias a los avances
tecnológicos se consigue aportar más información histórica en los
museos sobre temas de los que no se poseen los materiales
suficientes. De este modo, la exposición se ve enriquecida. Además,
también sirve para ilustrar mediante imágenes diversos sucesos
históricos que son imposibles de explicar sin la tecnología, como
pueden ser excavaciones en otros lugares del mundo o fotos de objetos
no disponibles en el museo en cuestión, pero que son dignos de ver
por su relevancia en la historia.
Por ello, en los museos
actuales no faltan los paneles informativos, sustituyendo en
ocasiones a los escritos habituales, ya que estos con su luminosidad
rompen la estética monótona del museo aportando un poco de frescor.
En ocasiones, estos paneles se convierten en pantallas interactivas
en las que el usuario puede descubrir la información que le interese
pinchando en el lugar indicado, siguiendo unas sencillas
instrucciones.
Esta interactividad es
indispensable en la actualidad para que el visitante también se
sienta, de algún modo, partícipe de la exposición, descubriéndola
a su ritmo y sólo la parte que le interese, pudiendo obviar toda la
información que no le sea útil. Las pantallas interactivas, además
de para informar, también sirven para permitirle al espectador jugar
con los datos y las imágenes ya que, siendo sinceros, lo de
toquetear todo para ver qué pasa nos sigue volviendo locos. Esta
función tecnológica aporta dinamismo, que es el factor fundamental
para atraer a más visitantes y modernizar los museos.
Además de los paneles,
es habitual encontrarnos con multitud de vídeos explicativos en
todas y cada una de las secciones del museo, para poder entender la
historia de forma más sencilla y sin cansarnos la vista al leer.
Como curiosidad, la mayoría de estos vídeos no se reproducen si no
se pulsa previamente un botón, por lo que se elimina el
inconveniente de pillar el vídeo empezado. Los museos también
cuentan con algún elemento más avanzado de tecnología, como son
los proyectores. Estos pueden utilizarse para aportar algún dato o
imagen tanto en la pared como en una superficie en relieve. En el
Museo Arqueológico Nacional llama la atención la aplicación del
proyector sobre un mapa de España en relieve, para explicar de forma
simple la evolución histórica de nuestro país.
Pero sin duda el aporte
más importante de la tecnología a los museos es la aparición de la
audioguía. Gracias a este instrumento, adquirible en la entrada por
un módico precio, podemos gozar de explicaciones instantáneas
durante todo el recorrido en una gran variedad de idiomas. De este
modo, es como si hubiésemos contratado a un guía, salvo que en vez
de ser una persona física, se trata de una máquina. Esto se
complementa a la perfección con las indicaciones en braille para las
personas que padecen de problemas de visión, haciendo la visita
mucho más llevadera. Este elemento se implantó en todos los museos
hace unos años y está siendo muy exitoso, de manera que en la
actualidad no puedes pensar en un museo sin pensar en una audioguía
que lo acompañe.
Esto también tiene su
parte negativa, ya que esa máquina está sustituyendo a una persona
experta que además de realizar ese mismo trabajo puede resolver las
dudas del público presente, algo de lo que carece la audioguía. Una
vez más, la máquina sustituye a los humanos, dejándonos sin
trabajo en cada vez en más ámbitos, y el de los museos no iba a ser
la excepción.




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